Conoce el Síndrome de Asperger


¿Qué es el Síndrome de Asperger?

El síndrome de Asperger es un trastorno del desarrollo que conlleva una alteración neurobiológicamente determinada en el procesamiento de la información. Las personas que lo presentan tienen un aspecto e inteligencia normal y, a veces, superior a la media. Presentan un estilo cognitivo particular y frecuentemente, habilidades especiales en áreas restringidas.

Este síndrome se manifiesta de diferente forma en cada individuo pero todos tienen en común las dificultades para la interacción social, especialmente con personas de su misma edad, alteraciones de los patrones de comunicación no-verbal, intereses restringidos, inflexibilidad cognitiva y comportamental, dificultades para la abstracción de conceptos, coherencia central débil en beneficio del procesamiento de los detalles, interpretación literal del lenguaje, dificultades en las funciones ejecutivas y de planificación, la interpretación de los sentimientos y emociones ajenos y propios.

El síndrome de Asperger supone una discapacidad para entender el mundo de lo social, que da origen a comportamientos sociales inadecuados proporcionándoles a ellos y sus familiares problemas en todos los ámbitos. Los déficits sociales están presentes en aspectos del lenguaje tales como dificultades en el ritmo de conversación y frecuentemente alteración de la prosodia (entonación, volumen, timbre de voz, etc). Asimismo suelen ser disfuncionales los patrones de contacto ocular, gestual, etc. En la mayoría de los casos existen dificultades en la coordinación motora. Es un trastorno muy frecuente (de 3 a 5 por cada 1.000 nacidos vivos), poco conocido entre la población general e incluso por muchos profesionales. Se encuentra encuadrado en los TEA o Trastornos del Espectro Autista, aunque por sus competencias intelectuales y lingüísticas se mantiene como una entidad diferenciada del autismo clásico.

Fuente: Confederación Asperger España

No todas las personas con Síndrome de Asperger (TEA) se parecen entre si, a pesar de que todos tengan el mismo diagnóstico no todos cumplen los mismos criterios ni las mismas características exactamente. Cada persona es diferente, presentando no todos los rasgos, sino una combinación de algunas de las características del Síndrome de Asperger. También debemos recordar que las necesidades y características de cada persona son diferentes según la etapa en la que se encuentra, de forma que no tienen las mismas dificultades un niño de 6 años que un adulto de 30 años por ejemplo.

Criterios diagnósticos según el DSM-V

¿Quién descubrió este Síndrome?

El término Síndrome de Asperger fue utilizado por primera vez en 1981 por Lorna Wing, una psiquiatra británica que se centro en la investigación de los Trastornos del Espectro Autista. Sin embargo, fue años antes, en 1943, cuando Hans Asperger, psiquiatra y pediatra austriaco describió las dificultades de este síndrome en base a una investigación realizada con cuatro niños con ciertas características peculiares. Estos niños presentaban dificultades en la comunicación no verbal, falta de empatía y torpeza motora.

Finalmente, en 1990 se incluyó el término "Síndrome de Asperger" en el Manual Estadístico de Diagnóstico de Trastornos Mentales (DSM-IV), casi 50 años después de que Hans Asperger publicará por primera vez acerca del trastorno.

¿A qué edad se detecta? ¿Es fiable el diagnóstico?

Hace varios años, cuando el Síndrome de Asperger (TEA) era desconocido en España, más que hoy día, raro era que se detectase el Síndrome de Asperger en niños que se encontrasen en la etapa de primaria, era mucho más habitual detectarlo en la adolescencia o incluso en la edad adulta. Hoy día, gracias a la labor de los profesionales y del conocimiento de las familias, niños en edades tempranas (4-5 años) es posible que tengan ya un diagnóstico. No debemos olvidar que un diagnóstico precoz es un indicador de buen pronóstico, es decir, si sabemos que un niño de 7 años tiene Síndrome de Asperger (TEA), podemos aprender herramientas y buscar recursos, instituciones y profesionales para darle la atención que necesita.

Si existen dudas de presentar sintomatología compatible con Sindrome de Asperger, así como de cualquier otro trastorno, no se debe demorar, hay que buscar ayuda profesional para abordar las necesidades de dicha persona lo antes posible. Desde la Asociación Granadina de Síndrome de Asperger-TEA, recomendamos que el diagnóstico se realice en asociaciones especializadas en este colectivo, centros públicos (Hospitales, Unidades de Salud Mental, etc.) o en otros centros que dispongan de profesionales formados y con conocimientos necesarios para llevar a cabo una evaluación diagnóstica fiable.

Principales características de las personas con Síndrome de Asperger (TEA)

  • Dificultad en la interacción con otras personas
  • Comunicación verbal limitada
  • Déficit en la comunicación no verbal
  • Intereses restringidos y absorbentes
  • Patrones de comportamiento estereotipados
  • Problemas de motricidad

Mi hijo/a no tiene muchas dificultades... ¿necesita intervención?

Como familiar, es duro que te digan que tu hijo/a, hermano/a, etc. tiene Síndrome de Asperger. Son palabras que asustan, parece que están sentenciando a tu hijo/a a ser diferente y solitario toda su vida, pero no es así. Cuando te dicen el diagnóstico, no tienes que recibirlo como una sentencia, un castigo o una humillación.... Sino como una respuesta, la respuesta a la eterna pregunta:

¿Qué le pasa a mi hijo/a?

Por ello, aunque tengas la sensación de que tu hijo/a no tiene dificultades, en el fondo, sabes que sí, puesto que por ello tiene el diagnóstico de Síndrome de Asperger (TEA). Aunque sean pequeñas dificultades, siguen siendo dificultades al fin y al cabo, y, poco a poco, pueden trabajarse y mejorar. FINGIR que dichas dificultades, características y necesidades no existen, solo hará que se mantengan e incluso que aparezcan otras añadidas. En resumen, aunque creamos que no hay dificultades, siempre hay aspectos, por pequeños que sean, que se pueden trabajar y aprender, por lo que no debemos olvidar que si queremos lo mejor para tu hijo/a, hermano/a, familiar en general, debemos darle TODAS LAS AYUDAS QUE NECESITE.

Estrategias Generales de Intervención

  • Empleo de apoyos visuales en cualquier proceso de enseñanza.
  • Asegurar un ambiente estable y predecible, evitando cambios inesperados. Las dificultades para enfrentarse a situaciones nuevas y la falta de estrategias para adaptarse a cambios ambientales exigen asegurar ciertos niveles de estructura y predictibilidad ambiental, anticipando cambios en las rutinas diarias, respetando algunas de las rutinas propias de la persona, etc.
  • Favorecer la generalización de los aprendizajes. Las dificultades de generalización que presentan estas personas plantea la necesidad de establecer programas explícitos que permitan transferir los aprendizajes realizados en contextos educativos concretos a situaciones naturales y asegurar, en la medida que se pueda, que los programas educativos se llevan a cabo en los contextos más naturales posibles.
  • Asegurar pautas de aprendizaje sin errores. Las personas con S.A, sobre durante la etapa escolar, suelen mostrar bajos niveles de tolerancia a la frustración, y esto, unido a las actitudes perfeccionistas, puede llevar a enfados y conductas disruptivas cuando no consiguen el resultado adecuado en una tarea. Para evitar estas situaciones y favorecer la motivación hacia el aprendizaje es fundamental ofrecer todas las ayudas necesarias para garantizar el éxito en la tarea e ir desvaneciendo poco a poco las ayudas ofrecidas.
  • Descomponer las tareas en pasos más pequeños.
  • Ofrecer oportunidades de hacer elecciones. Suelen mostrar serias dificultades para tomar decisiones, por eso, desde que son pequeños, se deben ofrecer oportunidades para realizar elecciones (inicialmente presentando solo dos posibles alternativas a elegir) para que puedan adquirir capacidades de autodeterminación y autodirección.
  • Ayudar a organizar su tiempo libre, evitando la inactividad o la dedicación excesiva a sus intereses especiales.
  • Enseñar de manera explícita habilidades y competencias que por lo general no suelen requerir una enseñanza formal y estructurada.
  • Priorizar objetivos relacionados con los rasgos nucleares del Síndrome de Asperger.
  • Incluir los temas de interés para motivar su aprendizaje de nuevos contenidos.
  • Prestar atención a los indicadores emocionales, intentando prevenir posibles alteraciones en el estado de ánimo.
  • Evitar en lo posible la crítica y el castigo, y sustituirlos por el refuerzo positivo, el halago y el premio.
  • Una vez establecidas las rutinas y llegado a un cierto punto de avance, trabajar , con asesoramiento profesional si es posible, en el entrenamiento de la flexibilidad.
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